La harina era el cuaderno provisional de mi abuela. Llegaba sin saberlo a las recetas porque antes había hecho las cuentas del día, los recados pendientes, el nombre de la prima que pasaba a buscar las llaves. Todo se borraba cuando empezaba a amasar.
01El primer recado
El primer recado que recuerdo decía: «No te olvides». Solo eso. No supe nunca de qué no debía olvidarme. Quizá ese era exactamente el recado.
«Las palabras escritas en harina duran lo que dura la voluntad de no amasar.»
— Cuaderno verde, marzo 2025
02El armario azul
Una tarde de invierno encontré escrito «no abrir el armario azul». Lo abrí, claro. Estaba lleno de cartas atadas con cinta. No las leí. Volví a cerrarlo y no he vuelto a soñar con él, lo cual es decir mucho.
03Lo que se barría al final del día
A las nueve de la noche venía el cepillo. La harina caía al suelo y se limpiaba con un trapo húmedo. Y, sin embargo, cada mañana había nuevos recados — la mesa los pedía. Esa fue mi primera lección sobre la memoria: que se borra para volver a escribirse.
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