Si ya se rompió algo, ¿para qué romper todo lo demás?

Un día decidimos irnos de un ideal, de un trabajo o de un vínculo, y a veces tenemos razones suficientes para invalidar ese lugar; nos convencemos de que es una porquería, que ahí no hubo nada bueno.

Pero así, lo único que hacemos es reforzar nuestra relación con ese lugar por la vía de la hostilidad.

Imposible irse así, rompiendo todo, haciendose echar. Esto es irse (físicamente) para quedarse (psíquicamente). Para irse en serio de un lugar, es preciso haberlo amado, reconocer que una parte nuestra se queda ahí y que nos llevamos algunas experiencias que nos van enriquecer. Algunas veces también vamos a extrañar.

Quizá pensemos en volver, pero solo como parte de la despedida.

Hay que haber amado, para decir "ya está" porque transformar el amor en odio es una salida narcisista.

¿Te gustó? Déjale un corazón.

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