Imagen del cuento

Hoy es miércoles, primer miércoles de mayo, y son las seis de la mañana. La luz no llega todavía a la mesa donde escribo, pero ya empieza a delinear los bordes — el florero vacío, el cuaderno abierto, el lomo de un libro al revés. Si me acuesto temprano, esto es lo que me regala la madrugada: una hora que no le debo a nadie.

016 de la mañana

El café aún está caliente. Lo dejo enfriar a propósito porque me gusta el momento exacto en que ya no quema y todavía no sabe a tibio. Es un margen pequeño. Lo persigo con cuidado.

02Antes del mediodía

Llamó M., como siempre. Le dije más de lo que tenía pensado decir. Eso me pasa con ella desde hace años: hablo por encima de mi propia voluntad, y luego me arrepiento sin motivo. Más tarde le escribiré para retirar nada.

«Hay frases que solo se pueden retirar callándose.»

— Cuaderno gris, abril 2026

03Por la noche

Lluvia. La de mayo, breve, casi fingida. Luego un olor a tierra que dura más que la lluvia misma. Eso, también, lo persigo. Quizá esto del diario sea solo eso — perseguir lo que dura más que su causa.

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